martes, 30 de noviembre de 2010

El peine en la maraña.

Esta misma noche (a las 22:30), hace ahora aproximadamente una hora, hemos podido comprobar una de esas comidillas de todas las conversaciones que tendrán lugar mañana en el instituto, en el supermercado e incluso en el trabajo. No, no se trata de otra presentadora a la que se le ha visto el pecho, ni de (otra) nueva cara de Belén Esteban.

En esta ocasión el espacio protagonista ha sido Física o Química (y ojalá todos los que lo hayan visto haya sido de casualidad, y no por ser un fan aférrimo de esta FICCIÓN televisiva (porque las historias no pueden ser más surrealistas y poco representativas).

¡Un bucle! Algo tan sencillo como un bucle televisivo ha sido la causa de la citada expectación. Y no es para menos, si le sumamos que se ha producido en un primerísimo Prime Time, y con una de las series de televisión (por desgracia) con más audiencia de la parrilla televisiva...
Se ha tratado de una serie de cinco planos y estas frases:
- ¿Cuándo sabes si te cogen?
- Yo creo que tengo un pie dentro.
- ¿Y no te da pena dejar Madrid?
- Sí, me quemaría por dentro.
- He hablado con (...)

Esas frases han sido las protagonistas durante algo más de cinco minutos de la programación de Antena3 y de todos sus canales (Neox, Nova).
Algo que en un principio no llamaría la atención especialmente si no fuera por ser la cadena de la que se trata y de los medios que dispone para que cosas así no ocurran.
El caso es que ha ocurrido, muy bien. Y a menos de que seas uno de esos fans de la serie (y estés frustrado por haberte perdido tus maravillosos cinco minutos de irrealidad televisiva adolescente) no tiene mayor trascendencia que la propia burla de: jaja, ¿te has enterado de lo que pasó ayer en Antena3? Se comenta la anécdota y no hay más que decir.

Pero no, lo cierto a día de hoy es que no.
Indagando por Internet minutos después del suceso que acabo de comentar, poco más de un cuarto de hora más tarde, ya estaba el vídeo subido por tres usuarios diferentes a youtube. Y no sólo eso, sino que todos detallan cómo ha ocurrido, cuándo, y en qué circunstancias.
Unos tele-espectadores avispados, ¡sí señor! Pero además, una viva muestra del manejo de las nuevas tecnologías, y lo que es mejor, el papel informativo que jugamos todos a través de ellas.

Todos, de una forma u otra hemos sido reporteros durante el momento.
Twitter, foros, youtube... Por todos lados podía leer cómo la gente comentaba.
"¿qué está pasando con antena3?" "es sólo mi tele o antena3 se ha quedado pillado?"

La cuestión no es lo que ha pasado, sino cómo hemos vivido lo que ha pasado.
Y cómo ha pasado otras veces...

En mi búsqueda he encontrado numerosos vídeos subidos por usuarios particulares a youtube en los que se muestran casos similares al que ha ocurrido esta noche. Bucles, e incluso errores en sintonías o imágenes sin audio... etc. Todo tipo de pequeños gazapos que se cuelan en nuestras pantallas y que sólo algunos de nosotros llegamos a tiempo de filmarlos para la posteridad.
Una nueva tendencia del ser humano, que cuanto menos, convierte a cada individuo en testigo, y muchas veces juez, de nuestra propia realidad minuto a minuto.

Probablemente, ni lo de esta noche, ni esos otros casos sea algo de trascendencia sobrehumana, ni que cambiará el destino de nuestras vidas. Pero, ¿no es curioso cómo se difunde la información en nuestros días?

Sólo quería dejar constancia de mi fascinación ante la asombrosa capacidad para comunicar del hombre.
Y qué bonito es comunicar =)

domingo, 3 de octubre de 2010

El círculo (vicioso) de lo social.

Me siento asocial por culpa de las redes sociales. Sí, así. Asocial con 21 años y más de 300 amigos en Tuenti, o veinte y pico seguidores en twitter. ¿Y porqué? Por desaparecer del marco internauta durante tres semanas. He estado tres semanas de viaje fuera de España y con el mínimo acceso a Internet (una hora escasa y no más de dos o tres veces en semana).

Y así es la vida, desaparezco de Internet y es como si me hubiese tragado la Tierra. Ya no soy etiquetada a penas en fotos, y ya no recibo a menudo comentarios en el tablón, las menciones en Twitter se hacen inexistentes y Fotolog deja de guardarme la contraseña.

¿Y ahora qué puedo hacer? ¿Cuál es el camino a seguir?
Existen dos posibilidades:
Por un lado, podría continuar con mi existencia ermitaña en el gran amparo que ofrece Internet, desterrada y exiliada por la no aceptación social de ésta mi sociedad.
O, por otro lado, podría volver al falso reconocimiento colectivo que te ofrecen las redes sociales (trampas sociales más bien).

En tal caso de seguir con la primera opción, no volvería a recibir la felicitación de más un par de decenas de personas en mi próximo cumpleaños (pese a que la mayoría ni tan siquiera me saluden por la calle). Pero si optara por la segunda, podría volver a participar en todas las conversaciones y estaría 'en la onda', seguiría el 'mismo rollo' que los demás, hablaría 'el mismo idioma'.

Curiosa dicotomía esta, en la que el ser humano se ha convertido en un ser fundamentalmente social por encima de otros muchos aspectos. De hecho siempre el 'rarito' es aquel que no se relaciona. Bien, una vez asumido el importante componente social de la existencia humana podríamos plantearnos que no existimos si la sociedad no tiene constancia de nosotros. Puesto que vivimos en sociedad, todos aquellos que no formen parte de ella, que no se rigen por un patrón socio-cultural, ¿de qué están formados?. Leer un libro, ver una película o escuchar música es cultura y la cultura es sociedad, porque la sociedad genera una determinada cultura. Por lo tanto, ¿qué actividad realizaría una persona que vive al margen de la sociedad? No es acaso fundamental la comunicación entre los seres ya sea de forma directa o indirecta? Ya sabéis, la Escuela de Palo Alto y su "es imposible no comunicar".

Las interacciones sociales, según mi criterio, se producen en ámbitos multidireccionales, e incluso huyendo de la sociedad y de la cultura se actúa bajo una determinada "subcultura" y se crea una "subsociedad".

Por lo tanto, somos seres sociales, y las formulas de intercambio comunicacional se reinventan día a día: hoy se llama Facebook, pero mañana se llamará de otra determinada manera. El truco no está en huir de los canales que nos permiten la difusión en masa de actitudes y opiniones. No, la cuestión es adaptarlas a nuestro propio patrón de conducta. Adaptar tu perfil de Tuenti en tu auténtico perfil, no en el que las redes sociales configuren indirectamente y finalmente determinen tus acciones y actitudes.

¿Debo entonces continuar con el enclaustramiento 2.0?
La respuesta será mi propia conducta, y mi conducta se traducirá en acciones concretas. Al conjunto de todo eso, es a lo que llamo sociedad.


sábado, 10 de abril de 2010

Tercer plato

Ya son tres los platos que nos ha ofrecido el gallego Iván Ferreiro en su particular estreno (paulatino) de su quinto disco en solitario (cuarto, si exceptuamos la versión de Mentiroso Mentiroso en directo).
Hace escasos cinco días que pudimos disfrutar del que parece que será el primer single del 'Picnic Extraterrestre' que Iván prepara. "Paraísos perdidos" se titula la canción que el gallego subió a su canal de youtube, y nos introduce suavemente en un clima entre lo melancólico y lo esperanzador. Este primer plato del picnic gana cada vez más aceptación por mi parte a medida que van aumentando las escuchas. Son muchísimos los matices y muchísima la fuerza, aunque casi ahogada, que transmite esta canción.

Tan sólo dos días después, Iván saca a relucir la que hasta el momento es la canción más llena de rabia desde su último disco: Farenheit 451. Una canción que inevitablemente te hace sacar lo más profundo de ti y a pesar de su aparente tono suave y delicado acaba sacando todo eso que es necesario extraer de uno mismo. En este momento poco queda del inocente Iván al que habitualmente nos tiene acostumbrados, y este segundo plato del picnic se acaba convirtiendo en un auténtico grito de declaración de intenciones. Y personalmente, le ha quedado muy bien.
(Y digo esto, porque si no me gusta la letra, tendría guerra declarada).

Pero fue ayer, 9 de abril, cuando se presentó en primicia en el programa de Radio 3 "Hoy Empieza Todo" la que es hasta el momento la última canción del "Picnic Extraterrestre" de Iván. La canción se titula "Relamida" y se caracteriza por hacer una vez más sacar la voz más desgarrada del gallego. Una canción que te llena de positivismo, y que no duda en hacer un sutil juego de vocablos.

Hasta la fecha esto es todo lo que tenemos del nuevo álbum, y ansiosa me hallo de seguir descubriendo todos los ingredientes que Iván ha ido poniendo a cada uno de sus platos.
De momento, puedo decir que 'ésto' suena a Ferreiro, pero aún queda mucho por descubrir.
Veremos qué nos ofrece de cara al estreno del 15, 16 y 17 de abril en la Joy Eslava.

miércoles, 24 de marzo de 2010

El silencio impuesto.

Llevo dos días pasando las mañanas prácticamente en silencio.
Y es que eso de levantarme más temprano que de costumbre (a las 11 aprox punto), y no tener prácticamente nada que hacer que requiera actividad física me es absolutamente extraño.

Al principio dices: '¡Oh, que bien, así podré reflexionar y poner en orden algunas cosas!'.
Después empiezas a pensar que está siendo un día raro.
Y al rato siguiente, ¡estas deseando que suene el maldito móvil para recordar cómo sonaba tu voz!

Y es que nunca he sido una persona callada. De hecho todos me acusan de que no me callo ni debajo del agua. Aunque bien es cierto que en la etapa más horrible de la vida, esa malévola adolescencia, me volví tan introvertida como el que más. Gracias doy de que fuese tan solo pasajera, y la verdad es que los demás también lo agradecen.

Y en estos días de silencio y calma poética he leído mucho, tal vez no tanto como quisiera, pero sí que he indagado un poco por esos periódicos digitales de los que siempre he sido muy reacia (los periódicos deben leerse en papel, pero hasta que los precios no bajen, los estudiantes como yo, poco más podemos hacer...).
Al escribir el título de este texto, lo he enlazado casi inconscientemente con una de esas informaciones que encontré en esas redacciones digitales.

Y es que en estos días, los de 'Google' han dicho "¡Basta ya!" y han decidido dejar de (auto)censurarse en Pekín. Es entonces cuando intento concebir un Internet con barreras y se me hace imposible. ¿Cómo vamos a poner redes al mar más grande del mundo?
Gracias a esta herramienta (que como todas las herramientas del mundo, no son buenas ni malas, sino dependiendo del uso que a éstas se le dé), ha supuesto la apertura absoluta a cantidades ingentes de información al alcance del usuario.
Yo, que empecé mis andaduras por estos barrios allá por enero de 2001, no soy capaz de imaginar realizar un trabajo, o buscar cualquier tipo de información, sin esta gran pecera que lo envuelve todo.
Es muy curioso observar cómo en estos nueve años de experiencia he visto evolucionar las tendencias en la red desde los primitivos chats, la mensajería instantánea, los primeros pasos de los blogs... y ¿cómo olvidar el imperio actual de las redes sociales?

Entonces intento imaginar el hecho de teclear en 'Google' cualquier información y que ésta me sea censurada simplemente porque no simpatice con las ideologías de mi Estado, o de mi región. Y no logro imaginar la impotencia tal que me supondría el sentir que hemos vuelto a los monasterios clericales en los que la información estaba reservada a determinadas élites.
Comprendo perfectamente que se limite la difusión de imágenes pornográficas, o aquellas que fomenten la pederastia, o incluso que inciten a la violencia más descarnada... Pero tal vez esas limitaciones deberían surgir desde la base, desde el control de todos esos portales que permiten la subida de contenido a la red, por ejemplo, y no a posteriori, cuando esa información ya es de libre circulación y queda en manos del individuo, que, sea más o menos bondadoso por naturaleza, debemos confiar en su libre elección.

Un asunto complicado que no soy capaz de delimitar, y que las horas de silencio me incitan a seguir reflexionándolo.

domingo, 21 de febrero de 2010

Hablando de Tokio.

Hablando de Tokio, Haruki Murakami nos cuenta historias que van más allá de lo que se puede contar con palabras. Una única atmósfera, fría como ella sola, y sola y triste como una noche cerrada.

Se trata de 'Tokio Blues', novela que toma forma gracias a la inventiva de Haruki Murakami, y que es ya una obra clásica dentro de las tendencias más modernas.

De barrio en barrio, el autor nos sumerge en los años de juventud de Watanabe, un chico que más que vivir deambula por las calles de Tokio, vagando en busca de algo que no se sabe bien qué es.

La historia se articula en 4 grandes etapas, y en 4 personas diferentes, y cada una de ella da forma al protagonista que al final nos encontramos.
Naoko es el misterio, el conocimiento, el camino y la experimentación. Nagasawa es el desenfreno, la locura, la inteligencia y la arrogancia. Midori es la alegría, la vitalidad, la energía y la fuerza. Y Reiko es la sabiduría, la madurez, la templanza y la voz de la conciencia.

A través de cada uno de ellos Watanabe conoce las distintas fases del ánimo humano. Y el largo camino que éste supone hasta alcanzar la madurez.

En un principio, este protagonista aún adolescente, cree conocer más de lo que nunca llegará a conocer, pero todo se vendrá abajo rápidamente, cuando Naoko sale de su día a día (con uno de esos 'crac' que relata Reiko).

Impresionan esos capítulos finales, cuando Watanabe es un hombre, al que le pesa sobre los hombros todas las decepciones y las pérdidas. Y te entran ganas de llorar, aunque sea sólo por empatizar con lo vivido (y lo sufrido).

Hablando de Tokio, este libro bien podría introducirnos en un auténtico mundo literario, de esos que ya no se hacen, de esos que, de alguna manera, siempre se quedan.


TOKIO BLUES: NORWEGIAN WOOD, Haruki Murakami. Maxi Tusquets

viernes, 12 de febrero de 2010

Tarde de frío invernal

Helada hasta las trancas. Y es que no tengo otra forma de describir el frío que he pasado hoy.
Paradójico me parecía que tanto que dicen de Sevilla y su insoportable época estival, hoy a penas hacía cinco grados, cuya sensación térmica, estoy segura, era muchísimo inferior.

Pues eso, que tenía el frío ya no sólo metido en los huesos (de eso ya se encarga mi Cádiz), sino también en la piel, como apretada, como sufriendo.
Pues iba yo enfrascada en mi frío sin atender a nada más y acompañada por una bonita lluvia (de esas que te vuelven el paraguas y te dejan de mal humor). Estaba yo buscando desesperada un autobús que se apiadase de mi débil condición de peatón(a) sin documento válido para la conducción de vehículos clase B, que me llevase a la facultad a hacer mi último examen del cuatrimestre. Mi sorpresa se tornó en espanto al ver la casi media hora de futuro sufrimiento que me tocaba aguardar en esa inhóspita parada de autobús, cuya protección se reducía a un techo en el que se empezaba a aglomerar la gente (y muchos de éstos ya ni cabían).

¿Media hora de frío y lluvia a la intemperie y yo con examen de la Facultad en los próximos 15 minutos? No, no, no, no, no. Me dije.
Y me dispuse a coger un taxi. "¡Cuanto lujo, yendo a la facultad en taxi y todo!" pensé. Suerte que iba acompañada y podíamos pagar el trayecto entre todos, mi triste poder adquisitivo de estudiante en el exilio no me permite hacer uso de este privilegio a menudo (de hecho nunca).
Pero estaba muy claro que éste no iba a ser un buen día, ya que al poco de comenzar la carrera un coche nos tocó y pasamos algo más de 20 minutos dentro del coche mientras el taxista arreglaba los papeles con el otro señor. He de decir que en el tiempo que aguardábamos impacientes el regreso de nuestro conductor, el autobús que anteriormente rechazamos por tardar demasiado nos adelantó sobradamente. Las cosas que tiene la vida.

20 minutos interminables, que se subsanaron con un trayecto gratuito y una explicación breve (gracias a la comprensión de mi profesor) de lo acontecido que me permitió comenzar el examen con casi media hora de retraso.

Al salir del examen, frío. Otros 20 minutos perdidos en otra inhóspita parada de autobús (definitivamente debería tener un chófer que me llevase a donde quisiese y me esperase en la puerta, ilusa de mí). De camino a casa, frío. Y al llegar a casa, frío (no puede una ni poner el calefactor, que después llegan facturas astronómicas sólo por tratar de hacer más llevadero el invierno, pero ese es otro tema...)

Después me encaminé en tren a Cádiz, y al llegar, se acabó el frío. O al menos el frío de esta tarde, ya que el de aquí nos cala los huesos, pero 'es más nuestro'.

Nunca hubiese pensado que echaría en falta el frío húmedo de la bahía. De hecho nunca pensé que en Sevilla podría helarme tanto, pero el frío que hoy he pasado es digno de mención.


Noelia S.

domingo, 31 de enero de 2010

Lo más profundo

Hoy quiero subir una breve crítica que realicé para una práctica de la asignatura 'Redacción Periodística en Prensa'. En esta práctica debía comentar dos libros que (dentro de una determinada lista) se encontraba a nuestra elección.
Yo elegí 'Música para camaleones' de Truman Capote y 'Cabeza de Turco' de Gunter Wallraff. Los aconsejo enormemente.
Espero que les guste, o al menos consiga transmitir lo que ambos libros me hicieron sentir.

Lo más profundo

El dominio de la palabra es algo de lo que se presume (de forma involuntaria) en dos libros que pertenecen no sólo como grandes obras literarias, sino también como un logrado trabajo periodístico. Ambos libros pertenecen a autores de gran reconocimiento y considerados eminencias en el género. Ambos autores cuentan con una gran experiencia a sus espaldas. Y ambos hacen gala de una gran destreza comunicativa. Vamos a hablar de ‘Música para camaleones’ de Truman Capote y de ‘Cabeza de turco’ de Gunter Wallraff.

Uno es la última joya de Truman Capote ‘Música para camaleones’, que como bien dice el título funciona como una auténtica pieza musical en nuestros oídos. Segmentada en tres sutiles partes, cada una de ellas goza de una enorme autonomía que la diferencia de las anteriores, no sin establecer un imaginario lazo de unión que da forma a la melodiosa composición del libro.

‘Música para camaleones’ demuestra la ingeniosa capacidad de Capote para estructurar historias de individuos en desequilibrio, que rebosan de emociones a punto de estallar. Pero que carecen de final feliz, pues en sí mismo no son finales, sólo ventanas abiertas. Las historias breves no son más que pequeños episodios que Capote deja entrever de esos complejos personajes de ficción a los que perfila. Pero en ‘Música para camaleones’ no todas son historias irreales. Truman Capote también demuestra la maestría ya alcanzada en ‘A sangre fría’ al mezclar el periodismo de investigación con el género narrativo, dando forma a una novela corta que resulta sobrecogedora y cargada de tensión.

Una última parte de ‘conversaciones y retratos’ muestran al verdadero Capote en todo su esplendor. Su interacción picante y audaz no sólo con célebres figuras como Marilyn Monroe, sino también con personajes cotidianos, pero no por ello carentes de interés. Sorprende especialmente el diálogo consigo mismo que ejerce como colofón final a una obra sin desperdicio, amena y llena de buenas historias.

Gunter Wallraff escava en lo más profundo de la marginación racial y étnica en ‘Cabeza de Turco’. Un impresionante relato de un periodista, Wallraff, que deja atrás su vida como alemán cómodo en la República Federal para convertirse en ‘Ali’, un turco que parlotea el idioma de forma muy rústica pero que por el contrario no tiene conocimiento alguno del turco. Wallraff (siempre dentro de su piel de Ali) indaga en las mayores miserias que llegan a sufrir extranjeros como él, y especialmente los de nacionalidad turca, que son repudiados y tratados como animales (ciertamente se puede considerar un trato incluso inferior) por el simple hecho de no ser alemanes. Todos estos hechos tienen su marco en 1985, donde percibimos una sociedad alemana claramente estancada en ideales pasados y muy orgullosa de sí misma.

Ali llega a sufrir todo tipo de faltas de respeto, pero resulta impresionante la situación a la que se exponen sus compañeros de trabajo (extranjeros como él) con tal de llevar unos pocos marcos. Ali pone en peligro su salud, como lo hacen todos sus compañeros, y es de esta manera cómo desenmascara toda la ilegalidad existente en este tipo de trabajo. Manejando sustancias tóxicas, en ambientes irrespirables e incluso padeciendo altas cargas de radiación. Todo vale. Parecen condenados a ser considerados como ‘una especie inferior’. Rechazado por la inglesia, explotado por la multinacional ‘McDonald’s y ninguneado incluso afirmando que está apunto de morir. Para esa estancada sociedad alemana Ali no vale nada, porque su mayor defecto es ser turco.


Noelia S.