jueves, 22 de septiembre de 2011
Batiburrillo vital
domingo, 22 de mayo de 2011
De la mala organización a la mala imagen corporativa
domingo, 15 de mayo de 2011
El espíritu emprendedor.
lunes, 25 de abril de 2011
Los croissants de La Campana
¿Existe un lugar más céntrico y lleno de bullicio que La Campana de Sevilla?
Es una plaza donde convergen tiendas de ropa, multinacionales de comida rápida, la propia pastelería de La Campana, e incluso bancos y otras entidades financieras.
Entre tanto ir y venir de gente, existe una pequeña arteria en este corazón sevillano que, aunque no todo el mundo acceda habitualmente, estoy segura que todos reconocen. Se trata de una pequeña callejuela, donde se encuentra el ‘Bar Tino’, calle Capataz Rafael Franco. Pero, no me voy a referir a ese bar. Me voy a referir a otra pastelería, una pequeña pastelería a la que la imponente La Campana le podía hacer sombra. Definitivamente la pequeña pastelería tuvo que darse por vencida.
No recuerdo el nombre de la pequeña pastelería, lo único cierto es que ahora no existe. En su lugar se encuentra un bar de copas de luces de neón rosa y paredes pintadas al estilo vintage.
A menudo acudía a la pequeña pastelería a disfrutar de uno de sus croissants de jamón york y queso, su auténtica especialidad. Periódicamente acudíamos a esa pastelería para disfrutar expresamente de ese dulce casero. Pero hace algunas semanas descubrimos que la pequeña pastelería cerró.
Probablemente son muchos los motivos que pueden llevar a un pequeño comercio, tradicional, casero, cercano, a la quiebra: desde la falta de ayudas por parte del Gobierno a las PYMES, a los gigantes comerciales fruto del capitalismo abierto a la entrada de mercados internacionales.
Probablemente aquellos croissants eran mucho más deliciosos que cualquier pastelito de bolsa que dispense una multinacional, o una máquina expendedora donde los productos han de refrigerarse constantemente para aguardar dentro de ese armario hasta que alguien los solicite a través de una moneda. Es obvio que la frescura, lo natural, lo saludable, en este tipo de comercio, está abocado a reducirse en comparación con aquellos croissants de La Campana.
Al comenzar el curso, estudiábamos el funcionamiento de las empresas como sistemas. Pero, cuando hablamos de empresas, las concebimos como el imperio de magnates trajeados con dominación en distintos mercados por todo el mundo. Pero también era empresario aquel señor que durante años decidió mantener abierta su pequeña pastelería en La Campana.
Probablemente el principal problema con el que se encontró este pequeño empresario fue el propio entorno general, en el que un contexto social y económico marcado por la crisis que nuestro país arrastra desde hace varios años no favorece en absoluto la supervivencia y la salida a flote de los negocios más débiles. Por otro lado, su entorno específico demuestra que la pequeña empresa no disponía tal vez de una cartera de clientes lo suficientemente extensa, o tal vez un apoyo financiero fuerte o, lo que es más probable, una mezcla de distintos factores que hace inviable e insostenible mantener abierto el negocio.
Ante la competencia de las grandes superficies, o de los productos de alta comercialización, es necesaria la adaptación al mercado de las distintas empresas para hacer frente, para situarse en lucha, a fin de sobrevivir en los mercados. El cierre de la pequeña pastelería, en contraste con la apertura del nuevo bar de copas, es un ejemplo claro de la tendencia y el futuro de las iniciativas emprendedoras actuales, y aún más allá: de cuál es el modelo de negocio que triunfa, y cuál el que se encuentra en declive y cómo esto es también un reflejo de cambio social. Y de hábitos y costumbres: del “café en el bar”, al “salir a tomar algo”.
Hay negocios que lo logran y sobreviven a partir de fórmulas frescas y originales, probablemente la clave de toda empresa emergente, pero también hay otros negocios que sobreviven por hegemonía, por estatus, por tradición… etc., como podría ser el caso de la pastelería La Campana, a pie de calle Sierpes.
En una misma plaza convergían tres tipos de comercialización de dulces y pasteles. Uno estaba protagonizado por esta pequeña pastelería de la que hablo, que representaría al pequeño empresario, probablemente de no más de 1 ó 2 trabajadores, localista. Aquí podríamos englobar también a La Campana, superviviente hasta la fecha de este tipo de negocios, aunque con un número de personal mayor.
Por otro lado tenemos la distribución de pasteles y otros dulces que podría hacer el quiosco de prensa y revistas (en el que también se venden productos de bollylandia, por ejemplo). Que se haría eco de un tipo de distribución de una empresa nacional, gran empresa que está presente en distintos modos de distribución.
Y, en último lugar, y probablemente de forma hegemónica, tenemos la cafetería Starbucks, negocio de nivel internacional inabarcable con más de una docena de miles de tiendas en todo el mundo.
En la actualidad, el público acude en función del perfil del mismo a una o a otra, es cierto. El público joven sin apenas recursos económicos comprará una “Qcaña” en el quiosco por 1€ aproximadamente. Universitarios y población madura joven pero con recursos acudirán a Sturbacks donde una cuenta menor de 5€ es complicado si se pretende hacer una merienda completa. La población más adulta, y los sevillanos del barrio, así como el público más tradicional acudirán a la pastelería de La Campana. El turismo por su parte estará divido entre Starbucks (debido a que es conocido por ellos dada su presencia en gran parte de países) y a la pastelería de La Campana, atraídos por la cultura y costumbre sevillana, esa que se han acercado a conocer.
Sea como fuere, lo cierto es que hoy en día se hace cada vez más difícil la convivencia entre los distintos tipos de empresas (pequeñas, mediana y grandes empresas). Algunas aguantan el tirón, otras en cambio, las más pequeñas, se ven obligadas a cerrar sus puertas, como ya lo hizo la pastelería con los mejores croissants de La Campana.
miércoles, 9 de marzo de 2011
¿Renovarse o morir? Renovarse.
viernes, 14 de enero de 2011
Actualización
jueves, 13 de enero de 2011
Memoria de cuatro días en la radio.
martes, 30 de noviembre de 2010
El peine en la maraña.
domingo, 3 de octubre de 2010
El círculo (vicioso) de lo social.
sábado, 10 de abril de 2010
Tercer plato
miércoles, 24 de marzo de 2010
El silencio impuesto.
domingo, 21 de febrero de 2010
Hablando de Tokio.
viernes, 12 de febrero de 2010
Tarde de frío invernal
domingo, 31 de enero de 2010
Lo más profundo
Lo más profundo
El dominio de la palabra es algo de lo que se presume (de forma involuntaria) en dos libros que pertenecen no sólo como grandes obras literarias, sino también como un logrado trabajo periodístico. Ambos libros pertenecen a autores de gran reconocimiento y considerados eminencias en el género. Ambos autores cuentan con una gran experiencia a sus espaldas. Y ambos hacen gala de una gran destreza comunicativa. Vamos a hablar de ‘Música para camaleones’ de Truman Capote y de ‘Cabeza de turco’ de Gunter Wallraff.
Uno es la última joya de Truman Capote ‘Música para camaleones’, que como bien dice el título funciona como una auténtica pieza musical en nuestros oídos. Segmentada en tres sutiles partes, cada una de ellas goza de una enorme autonomía que la diferencia de las anteriores, no sin establecer un imaginario lazo de unión que da forma a la melodiosa composición del libro.
‘Música para camaleones’ demuestra la ingeniosa capacidad de Capote para estructurar historias de individuos en desequilibrio, que rebosan de emociones a punto de estallar. Pero que carecen de final feliz, pues en sí mismo no son finales, sólo ventanas abiertas. Las historias breves no son más que pequeños episodios que Capote deja entrever de esos complejos personajes de ficción a los que perfila. Pero en ‘Música para camaleones’ no todas son historias irreales. Truman Capote también demuestra la maestría ya alcanzada en ‘A sangre fría’ al mezclar el periodismo de investigación con el género narrativo, dando forma a una novela corta que resulta sobrecogedora y cargada de tensión.
Una última parte de ‘conversaciones y retratos’ muestran al verdadero Capote en todo su esplendor. Su interacción picante y audaz no sólo con célebres figuras como Marilyn Monroe, sino también con personajes cotidianos, pero no por ello carentes de interés. Sorprende especialmente el diálogo consigo mismo que ejerce como colofón final a una obra sin desperdicio, amena y llena de buenas historias.
Gunter Wallraff escava en lo más profundo de la marginación racial y étnica en ‘Cabeza de Turco’. Un impresionante relato de un periodista, Wallraff, que deja atrás su vida como alemán cómodo en la República Federal para convertirse en ‘Ali’, un turco que parlotea el idioma de forma muy rústica pero que por el contrario no tiene conocimiento alguno del turco. Wallraff (siempre dentro de su piel de Ali) indaga en las mayores miserias que llegan a sufrir extranjeros como él, y especialmente los de nacionalidad turca, que son repudiados y tratados como animales (ciertamente se puede considerar un trato incluso inferior) por el simple hecho de no ser alemanes. Todos estos hechos tienen su marco en 1985, donde percibimos una sociedad alemana claramente estancada en ideales pasados y muy orgullosa de sí misma.
Ali llega a sufrir todo tipo de faltas de respeto, pero resulta impresionante la situación a la que se exponen sus compañeros de trabajo (extranjeros como él) con tal de llevar unos pocos marcos. Ali pone en peligro su salud, como lo hacen todos sus compañeros, y es de esta manera cómo desenmascara toda la ilegalidad existente en este tipo de trabajo. Manejando sustancias tóxicas, en ambientes irrespirables e incluso padeciendo altas cargas de radiación. Todo vale. Parecen condenados a ser considerados como ‘una especie inferior’. Rechazado por la inglesia, explotado por la multinacional ‘McDonald’s y ninguneado incluso afirmando que está apunto de morir. Para esa estancada sociedad alemana Ali no vale nada, porque su mayor defecto es ser turco.
Noelia S.
domingo, 24 de enero de 2010
Puro teatro (la cara B)
Puro teatro
sábado, 3 de octubre de 2009
Cristian Jiménez, el del famoso tema.
Debe resultar fácil y difícil a la vez aparecer en el universo musical de la forma más polémica posible: la sociedad criticando tus letras y el Instituto Nacional de la Mujer dispuesto a censurarte. Lo cierto es que la mayoría de la sociedad se quedó con el mensaje más directo, con el aspecto más superficial y polémico del asunto. Nadie estuvo dispuesto a analizar la letra, a comprender cada uno de sus argumentos. Nadie se dispuso a investigar sobre Porta, o ir más allá del famoso tema:
http://www.youtube.com/watch?v=7prl7_kpnQU